viernes, 18 de mayo de 2012

Voltaire - El hombre de los cuarenta escudos (extracto)


Ya bastante instruído, el hombre de los cuarenta escudos, y hecho un caudalejo, se casó con una bonita muchacha que tenía 100 escudos de renta; en breve embarazó a su mujer, por lo que fué a ver a su geómetra, y a preguntarle si el recién nacido sería chico o chica. Respondióle el geómetra que eso lo suelen saber las comadronas y las criadas; pero que no estaban tan adelantados como ellas los astrónomos que predicen los eclipses.
Luego le preguntó si su hijo o hija tenía ya un alma, a lo que contestó el geómetra que no entendía de eso, y que lo consultase con un teólogo. El hombre de los cuarenta escudos, que era ya hombre de 140, quiso enterarse también en qué sitio estaba su hijo. "En una bolsita", le dijo su amigo, "entre la vejiga y el intestino recto".
-¡Jesús me valga! – exclamó-: ¿El alma inmortal de mi hijo ha nacido y vive entre la orina y otra cosa peor?.
-Sí, mi querido vecino, y el alma de un cardenal no tuvo tampoco alojamiento más aseado. A pesar de eso se las echan luego de personas superiores a todos. (...)”
 
(Voltaire - El hombre de los cuarenta escudos (1768); inicios del capítulo VII)
 Imagen: Pedro Luis Raota

lunes, 7 de mayo de 2012

La lumbre



Imagen: Angelo Bronzino

"Recuerda que también está dispuesto por los hados
que llegará un tiempo en que el mar, la tierra y el palacio celeste
arderán presos por las llamas y que la masa del mundo,
presa del fuego sucumbirá." 
(Publio Ovidio Nasón - Las metamorfosis)

Lunáticamente en serio vayan despidiéndose del mundo,
ruina de un dios desmoronado,
y abrácense a la sombra del espacio

abracen la fogata, conjúguense en la lumbre
la lumbre - la lumbre - la lumbre
soy como una loca encendida en su belleza,
la lumbre me acompaña,
me enamoro de los brujos sin toloache

hay poesía en las maldiciones de las locas
y tremendos antiversos en la oscuridad de sus sonrisas,
habita siempre el findelmundo en su belleza insoportable,
como algún vagabundo sin miedo de la noche y sus patrullas

no hay mejor belleza que la que peligra entre colmillos
aquella que enciende encabronada el fin del mundo
y termina fulminando el cielo de chiripa.
 - hay poesía en el crimen de las locas,
hay poesía en la luna envuelta en llamas -
AMO A LAS LOCAS
porque chamuscan el cielo y no refunfuñan
antes luego se desvisten
y le rezan a la lumbre entre las nubes

AMO A LAS LOCAS
porque saben meditar a escupitajos en los palacios celestes,
saben incendiarse en flor de loto y con huaraches
y resistir el fin del mundo con una sonrisa amplia de calaca enamorada.



  Imagen: robert crumb
 
Imagen: danny quirk

viernes, 27 de abril de 2012

Mircea Eliade - El chamán y la iniciación chamánica


Según los yakutos, los demonios llevan al futuro chamán a los infiernos y le encierran durante tres años en una casa. Allí recibe su iniciación: los espíritus le cortan la cabeza, que ponen a un lado, pues el novicio ha de asistir a su propio despedazamiento, y lo cortan en trozos menudos, que son distribuidos inmediatamente entre los espíritus de las diversas enfermedades. Tal es la condición indispensable para que el futuro chamán obtenga el poder de curar. Los huesos son recubiertos luego de carne fresca y en algunos casos se le infunde además una sangre nueva. Otros chamanes cuentan que durante su enfermedad iniciática los antepasados chamanes los atraviesan con flechas, les cortan las carnes y les arrancan los huesos para limpiarlos, y si no les abren el vientre, devoran sus carnes y beben su sangre o les cuecen el cuerpo y les forjan la cabeza sobre un yunque. Durante ese tiempo yacen inconscientes, casi inanimados, de tres a nueve días, en la yurta o en un lugar solitario. Parece que algunos dejan incluso de respirar y han estado a punto de ser enterrados. Resucitan finalmente, pero con un cuerpo enteramente renovado y con el don de actuar como chamanes.

(Mircea Eliade - Historia de las creencias y las ideas religiosas. Tomo III pags 33-34)


Imagen: Alex Grey

miércoles, 25 de abril de 2012

Últimas copas (de hoy)

Imagen: Navachiste 2012


La última ronda se la dedico al diablo y sus esbirros
a todos los entes luminosos de la playa
a lo terrible y lo asombroso
a la primavera con sus flores que se pudren y hacen vida

a la interminable danza de los alcoholes mareadores

PUM,
me volaré la cabeza con un mezcal adulterado
y me llevaré conmigo al mundo,
el mundo es un pecado esférico y perfecto,
SUCIO, con lodo, tierra y almas humanas arrastradas.

esta ronda caminera / del estribo /
se la dedico a este planeta desgraciado,
que no es mío
y que sabe burlarse de lo humano
como cualquier mar arrastrando a los ahogados hacia lo más hondo de su herida.

Video: Don Javier - Pescadores (Navachiste 2012)

 Video: Ampersan & - Colores (Navachiste 2012)

lunes, 23 de abril de 2012

Hugo Hiriart - El Matamoscas


Les dejo un texto bastante bueno de un libro que me prestaron hace varios años y que aún no he regresado, pero no me reclamen, que la tardanza es mutua.

***

EL MATAMOSCAS
 Hugo Hiriart
(Del cuento “Cosas”, en “Disertación sobre las telarañas”)

El matamoscas
A. Aspectos estéticos. Lo imagino así: de plástico amarillo, reposado en la oscuridad, cerca de los vasos de mermelada y de la colgante pierna de jamón. No ha nacido aún el Cezanne del matamoscas, pero ya llegará porque ese artefacto, más que la prolongación del brazo y la mano abierta, es una refinada escultura aerodinámica y flexible, un elegante ready made con cabeza de clavícula fina y cuerpo de fusta. El matamoscas pertenece al orden estético que incluye a la paleta, la sartén y la raqueta, sólo que puede tener colores más vivos y suntuosos que la paleta de caramelo, ser tan útil y vigoroso como la sartén y su trama constituye un encaje más fino que el de la raqueta. Por otra parte, ya se trabaja en la fabricación del matamoscas con sabor de caramelo italiano, dotada de cualidades de traste refractario y con encordado stradivari de tripa de gato que, en cierta medida, reunirá en un solo producto las ventajas de los cuatro útiles. Algunos estetas y decoradores lo recomiendan calurosamente en calidad de objeto de ornato y aconsejan sea dejado por falsa casualidad sobre el negro piano de cola o confundido entre las begonias del florero o, sobre todo, gentilmente dormido en el suelo de la pecera. Los antiguos matamoscas de alambre retorcido y de red son preciadas piezas de coleccionista. No es la hora de hablar de sus usos cada vez más frecuentes en la peluquería y el ballet (el interesado puede consultar la antología El pastel y el matamoscas). Pero al fin de cuentas todo esto se degrada al uso y comercio del matamoscas, nosotros pensemos que ante todo un matamoscas es un matamoscas es un matamoscas es un matamoscas es un matamoscas… 

 B. Aspectos deportivos. Instrucciones: tómese el matamoscas por el mango, adóptese una actitud digna, marcial, elévese la mosca e iníciese la partida. Tiene usted dos saques, no golpee muy violentamente en el primero (en general ha de cuidarse la dulzura del golpe; recuerde que si destroza la mosca tendrá un tanto en su contra). Es siempre preferible recurrir al drop shot (o dejadita) y al globo que al smash iracundo por los riesgos antes señalados de aplastamiento de proyectil (consejo que desoyó el tenista apátrida Molina, conocido como el emperador del smash, que perdió todos los tantos de una partida por desaparición de mosca). Los jueces han de situarse perpendicularmente a la telaraña. No debe olvidarse que la esencia del juego es una cierta gracia o delicadeza y no ha de asestarse jamás el revés como si se tuviera en la mano una escafandra. Es particularmente necesario tener presente esto último en el juego más elegante: el juego con la mosca viva y las raquetas de seda con alma de aluminio. Donde quiera que esté la mosca hay un Wimbledon en potencia, esmerémonos

C. Aspectos morales. En el prólogo al libro La caza del mosco y la mosca del Conde de Yebes, José Ortega y Gasset habla de la ética de la persecución de la “filosófica mosca revoloteante” (no dice nada del ponzoñoso mosco filosófico, del que podrían disertar E. Uranga y E. Villanueva, cuya picadura es narcótica de la razón). Entre los principios idealistas de Ortega figura que la “mosca ha de captarse y someterse en el aire” y que “sólo el positivismo y materialismo más groseros dan su consentimiento que se la aplaste contra el muro, el vidrio, el cuadro de Velázquez o la mano de la amada”. Menos anticuado y más científico que Ortega y el Conde de Yebes fue aquel lituano Lubezki a quien debemos la invención de ciento treinta y ocho matamoscas con formas y astucias diferentes (el más complicado de ellos estaba compuesto de más de tres mil piezas y el más curioso practicaba el exterminio de la mosca por la vía del amedrentamiento sistemático y el susto). Ya en las solitarias e interminables horas del manicomio Lubeski perfeccionó su técnica hasta llegar a refinamientos notables: su depurado procedimiento consistió en acabar con la mosca con un solo movimiento del dedo meñique. Esta exquisita ejecución la logró observando científicamente el despegue de la mosca: el animal se eleva siempre un poco sesgado y tanto el ángulo de despegue como el giro maniático pueden determinarse con gran precisión y preverse de suerte que la bestia se pueda estrellar de cara contra el alzado dedo meñique; será suficiente un insignificante movimiento del dedo para que la mosca ruede doblegada. A mayor pureza venatoria no se puede aspirar con fundamento. La celda de demente de Lubezki es hoy museo y en ella puede verse un matamoscas de plástico amarillo que el inventor conservó, entre sus fotos de familia, hasta el fin de sus días.

 Imagen: Artefacto de Nicanor Parra

sábado, 17 de marzo de 2012

La raza maniaca


“Un lujo auténtico exige el desprecio acabado de las riquezas, la sombría indiferencia de quien rechaza el trabajo y hace de su vida, por un lado, un esplendor infinitamente ruinoso, y, por otro lado, un insulto silencioso a la mentira laboriosa de los ricos.” (Georges Bataille, La parte maldita)


Era otro viernes cualquiera en el que yo decidí ir a El Safari. El Safari no falla; de las pocas buenas cantinas que tiene mi ciudad. Llegué solo, a eso de las 9:00 PM y me pedí una cerveza roja. A la media hora me habla Miguel por teléfono, un conocido mío, buen amigo pero que a veces puede llegar a ser un tipo bastante extraño. Le digo dónde estoy y le doy señas de cómo llegar, a sabiendas de que no es el tipo de lugar al que suele ir. Llega poco rato después y me saluda efusivamente con una sonrisa y un fuerte apretón de manos, tratando de ocultar su incomodidad.
Comenzamos con una plática un tanto patética sobre las mujeres. A todo esto tengo que aclarar que Miguel es un tipo que dice tomar al catolicismo muy en serio, pero mezclado con una especie de enfermedad esquizoide que no me siento capaz de describir. A él le gustan las mujeres, o eso dice, y me platica de ciertos encuentros de palabras que sostuvo con algunas que él considera “guapas”. Las mujeres, decía, deben llegar puras al matrimonio. Me confiesa que su problema ha sido encontrar a una mujer verdaderamente católica, lo que sea que eso signifique. Entonces lo dejé de escuchar por unos cuantos segundos mientras me debatía internamente “¿Será posible encontrar a alguien así?”, concluí que sí, que en el mundo hay de todo y que para ser feliz sólo hay que buscarle. Cuando le volví a poner atención a su plática ya estaba hablando de los extraterrestres. Me decía que había nosecuántas razas que habitaban nosecuántas federaciones galácticas. Además, había también unos espejos –nueve, creo recordar,- que cierta raza alienígena había construido en ciertas regiones de nuestro planeta, según esto para ayudarnos a “evolucionar” habilidades especiales.

Me platicó de eso; cada región del planeta tenía alguna habilidad en específico, en Alemania, por ejemplo, había un espejo que los hacía ser más religiosos –pensé en Nietzsche, en Marx, en Heidegger, pero me callé la boca, no quería interrumpir su flujo de pensamiento-, en Latinoamérica había uno que nos hacía más habilidosos en lo sobrenatural… en la telequinesis, por ejemplo. Me dijo que él tenía esa habilidad, , pero con ciertas personas: “Sé cuando mi mamá me está buscando, y entonces le marco al celular, y la sorprendo.” Me siguió mencionando otros espejos en otras regiones que hacían desarrollar nosequé habilidades en la gente, pero para entonces yo ya estaba seco y no le presté mucha atención. Pedí otra cerveza, y cuando la mesera me la trajo el compa me decía que los estadounidenses tenían un enorme espejo que les ayudaba a desarrollar todas las habilidades posibles a la vez. “Esto suena muy hollywoodesco…”, pensé, y recordé que alguna vez él me dijo que estaba tomando medicamentos fuertes… algo de la cabeza, disque para volverlo “normal”.

Era una plática interesante, sin duda, aderezada por el ambiente cantinesco y música de Ramón Ayala de fondo.

Le pregunto cómo son esos espejos. “Pues… - y hace una pausa larga como sorprendido de que alguien haga una pregunta tan evidentemente obvia.- “Pues como espejos”. – terminó diciendo, como si fuese algo que debería de haber quedado claro desde el principio.

Lo que sí me describió fueron a algunos de los alienígenas. “Esta raza tiene forma de hongo”, “estos miden un metro veinte”, “estos habitan 12 planetas”, y yo alucinaba con solo escucharlo hablar de ellos tan familiar y seriamente.

Y entonces me dice “He leído muchos de sus libros.” Y se pone a platicarme sobre ello. Tardo en comprender que lo que realmente me quería decir es que él había leído libros, pero no sobre ellos, sino escritos por ellos. Los alienígenas eran los autores de esos libros, no los protagonistas. Entonces se acerca la mesera y él le pide otro refresco de toronja. Mientras tanto yo fui al baño, y allí recordé su punto débil. Justo al sentarme en mi lugar lo miré y le dije: “Y… ¿qué religión tienen estos personajes?”. Él me respondió, con una gran sonrisa que delataba sorpresa y a la vez admiración: “Buena pregunta… sabes, ellos mandaron a Jesús aquí a la tierra, y lo mismo hicieron en cada planeta: cada raza tuvo su propio mesías, mandado por ellos.”. “Ah…” y le dije… “¿Eso quiere decir que el cristianismo no está completo?... ¿como si fuera un trozo pequeño, parte de una gran obra cósmica... entre muchas otras?” Sonrió. “Algo así” dijo entre dientes. Le pregunté sobre la ‘otra vida’, me miró a los ojos titubeante y dijo “el infierno es cuando uno es condenado a nacer en un planeta subdesarrollado”. Y sostuvo que, en base a las enseñanzas alienígenas, el cielo no existe, pero uno avanza hacia una vida mejor, quiénsabedónde, con el objetivo de mejorar su ‘experiencia cósmica’. O algo así le entendí; el caso es que le dije “Toda esa idea de volver a nacer para autocompletarse, en base a lo que fuiste y lo que te falta por aprender… pues… suena muy budista.”. No recuerdo bien su respuesta, porque en ese momento veo entrar por la puerta al Rino, el gran rinoceronte metalero, el greñudoloco de la banda grindera. Le grito eufórico. Me mira y viene hacia nuestra mesa. “¡Compa Eber!”, me saluda al verme. Le presento al vato maniaco y empezamos a platicar. Venía de fumar cristal con dos morras lesbianas, o eso dijo él. Pidió una cerveza y yo otra. Me dio un abrazo, y le empezó a platicar al vato maniaco la vez que lo acompañé al velorio de su madre. “Estaba muy loco yo, no podía conmigo, ese día me metí de todo antes de enterarme de su muerte.” En efecto, el pobre pasa los años drogado. En ese momento me entró la sensación de estar entre dos grandes personajes que nunca creí ver reunidos en un mismo sitio. Dos personas interesantes en un sentido chingón, cada quién su trip. “Bueno”, dijo el Rino, “voy por un pericazo”, y salió súbitamente. El vato maniaco volvió con sus extraterrestres, y de paso metió a los illuminati, quienes mantenían una conspiración mundial para quiénsabequémadres. Sea como sea, todo su discurso sonaba disparatadamente coherente entre sí y eso es de admirarse.

Al regresar el Rino le comienza a platicar al vato maniaco la vez que tenía 40 mil pesos en los bolsillos, herencia de su hermana fallecida, “Llegué con un compa y le dije ‘órale aquí tenemos 40 mil bolas’, y nos fuimos con unas putas. A mi me excitan los pies, tengo una fascinación por los pies. ¡Cómo me divertí esa noche!, teníamos montañas de perico”, y hacía el ademán de sumergir su cara en una de esas montañas nevadas. El vato sólo alcanzó a decir un tímido “¡Ah!”. Entonces nos metimos al área de fumar, separada por una pequeña puerta de vidrio. El vato maniaco estuvo un rato más, pero se fue, no creo que estuviera cómodo con la presencia del legendario Rino, quien me hablaba de la vez que se metió peyote. “Una hora después no supe de mí, a los tres días desperté en mi casa, bañado en sangre.” Yo lo miré con cara de sorpresa, “Al parecer maté a patadas a una señora”, me dijo calladamente, haciendo gestos de violencia y tristeza. “Llegué a mi casa y me oriné en los pantalones. Mis padres me metieron a la ducha” Entonces se interpuso un pequeño silencio. “Ahí en la casa guardo mis tenis manchados en rojo”. Yo le ofrecí un cigarro y le conté la vez que fumé hojas secas de salvia divinorum: “Puse música y de pronto la música era un árbol de luz al que le crecían las ramas según el ritmo. Lo veía de frente, pero sentía como si yo viajara en la cima. Duró unos 5 minutos.” Entonces algo mencionó acerca de María Sabina, no recuerdo qué, pero al parecer él creía que seguía viva, yo no le corregí su error.

Alrededor de nosotros, vatos fumando tabaco y tomando cervezas, otros jugando billar muy animadamente, y una pareja cantando en el karaoke muy pero muy mal. “Ahorita voy a ir al Agujero Negro, ¿quieres ir?”, me dijo el Rino. El Agujero Negro es una casa, lugar de reunión de los vatos malandros más roñosos. “Vamos”, le dije, “pero saludo a los compas y me voy, que ya ando cansado”. Camino hacia allá prendí un churro de mota y me fui fumando por las calles. En una de esas pasamos al lado de una taquería repleta de policías que comían como puercos y ni caso nos hicieron: Quizá hasta ellos saben que los tacos importan más que un crimen sin víctimas.

Bucanadas de humo por todas partes y una hermosa noche estrellada. Al llegar, saludé a los plebes y me despedí del Rino, quién me arrebató el churro delicadamente: “Para los compas”, me dijo, y se fue con ellos. Entonces yo agarré camino hacia mi casa.

viernes, 16 de marzo de 2012

Adios paraíso

Imagen: Abraxas Teatro en Guamúchil

"Porque el diablo los hizo es su deber juntarse"
(Iván Esquer, Guamúchil 1986 - Tijuana 2012)

Flaco, la mera existencia es un teatro,
¿te imaginas que fuese otra cosa?

yo estoy encerrado en mis pieles
y la verdad envidio tu libertad de fantasma
(si me emborracho,
sin duda sabré que estás en mis tragos,
atiborrado de besos)

ADIOS, PARAISO
ya te dije llorando,
recordando cada manzana mordida
y a un dios pies de serpiente que los antiguos llamaron Abraxas.

Fumaré de tu abrazo de niño criminal inmenso
y de espíritu prófugo del miedo y del orden,
escapémonos de las jaulas del cuerpo, del discurso y del método,
entremos por la fuerza a la Historia,
volvámonos libres, si tal cosa es posible,
con la desnudez de una orgía religiosa que culmine en orgasmo.

tu silueta de hombre delgado
me hace ahora envidiar a los muertos, platicar con cenizas,
explorar la tragedia del fuego,
para que cuando al fin te encuentre de nuevo,
digamos que la muerte es una pecera, y, como tus obras de teatro,
deberemos ahogarnos de aplausos y disfrutar de la histeria.

/ la histeria / el delirio /
/ la muerte / tijuana /

sí, siempre sí lo viviremos juntos,
en éxtasis de abracadabra:
en trance y sangrantes
conoceremos el mundo en botellas rompibles,
nos alimentaremos de fauna en cantinas,
como espíritus cualquiera,
hermanos del alma en una casa embrujada

y nos comeremos tijuana
y reviviremos demonios.

la noche es un astronauta desnudo
¿quieres verla aterrizar en nuestros mundos?
la mataremos sonriendo, para que nos visite de nuevo
y ese será nuestro rito mistérico,

seremos dos niños, paganos nocturnos,
acuchillando a una noche indignada
porque al paraiso lo habitamos nosotros
y NO es la invención de los curas
NO lo crearon los dioses abstemios,

NO,
el paraíso es una obra de teatro que improvisamos en chinga,
sin temor a que nos alcance la muerte.

el cuerpo es una obra de teatro
y el cementerio nos confirma que el goce es como el fuego:
que todo volverá a ser polvo
y que los que seguimos vivos no somos más que ignorantes.

/ la verdad admiro tu libertad de fantasma /

a tí, flaco,
que te gobiernas fuera del tiempo,
y que convertiste a las cenizas en una poesía terrorista,
te arropo de dialectos oscuros
y de perfumes de letras,
tú solo disfruta el paisaje
pues no hay tirano que vigile ni castigue cuando muertos
ni discurso de poder que nos pervierta definiéndonos,

flaco, niño criminal fuera de las jaulas,
saborea la libertad de tus cenizas,
y cuando yo cierre los ojos
tal vez esta escoria de mundo se termine
y me desintegre contigo en otra de esas parrandas mortales que acostumbras,

mi esqueleto se habrá olvidado de mí,
y, al fin, un gran telón me recordará que toda esta mierda es teatro
y se cancelará la eternidad de nuestros párpados
para dar paso al polvo, que será para siempre la finalidad de nuestros días,
como una violencia fecunda que nos devolverá a esta tierra sin miedo
y entonces, y a hora sí, será nuestra totalmente la locura,
como tanto lo soñamos en vida.